"El lado humano del software"

Empresas tecnológicas feudales

Nuestro colaborador Montesinos, escribe sobre la edad feudal en el presente…

Hay veces que tu trabajo te aliena de tal forma que se convierte en tu vida. Momentos en los que tu privacidad forma parte de la oficina. Incluso casos en los que trabajadores duermen en las dependencias a ratos, como cirujano de guardia en un hospital. Y ¿Para qué?

Para dar pasos a promesas rotas, para conseguir ese puesto prometido, que nunca llega. Para tener contento a ese jefe que incluso despiden antes que al mismo currante. ¿Luego que pasa?

Año tras año esperando el turno de despido o de ascenso. Al final entramos en un bucle en el cual los somníferos o pastillas para la ansiedad hacen aparición en el día a día. La rutina diaria se convierte en enfermedad.

Hay que dar el primer paso. Decidir el lugar real que ocupamos. Discernir el trabajo importante y los periodos de libertad, de descanso. Rendir más no significa trabajar más horas, sino producir más en el tiempo real de tarea. Algo que en España no está bien visto. Calentar la silla es el deporte nacional. El parecer ocupado, muy ocupado es realmente la meta de muchos “corbatas” en su día a día. Mover el ratón sin sentido en la pantalla para parecer ocupados.

Ese submundo empresarial de grandes corporaciones que hace que la productividad sea ajena al reconocimiento personal y se base en contratar jóvenes con expectativas para aprovechar su ímpetu y que hagan el trabajo a los veteranos presencialistas que tan sólo aportan algún comentario o frase cínica sobre tu comportamiento.

La fría sensación de las lágrimas que a diario se tragan multitud de currantes en esos entes que devoran el conocimiento en pro de los resultados. Devora personas, las integran en un sistema orweliano donde salirse de la normalidad supone que les señalen con el dedo.

Un sistema de hombres y mujeres perfectos, en sus modales, falsa impostura e hipócrita versión de si mismos. Vestidos iguales, con la etiqueta de “soy fiel, lameculos y siempre sonrío”.

Esas empresas donde o vas vestido para la boda del siglo o tienes legiones de autómatas señalándote con el dedo. “Es diferente, es diferente”. Donde cada cual ha dejado su mentalidad (si aún la conserva) en casa y se ha unido al grupo, sin destacar. Sociedad de sociedades, integrada por miles de nóminas con patas. Números.

¿Cuántos nos sentimos con ganas de ir un día a la oficina en pantalón corto? Con un polo fresquito en pleno verano. Y no esas incómodas chaquetas que al fin y al cabo lo único que hacen es preservar esa fachada moral de trabajador “ejemplar y arreglado”.

Romper esa moral, esa rutina dañina para todo ser que se precie de individual, pensante e inteligente. Es sano en cualquier lugar y en cualquier momento. Debemos

Las metodologías ágiles, SCRUM y el uso de la jerga inglesa con otras formas en teoría más “tolerantes” no nos sacan de la edad medieval, ya en esa época estaban los bailes de máscaras

decidir que abrir en canal esa filosofía seudo fascista es parte de la libertad de movimientos en un lugar que el trabajo no requiere una presencia tan impoluta y superficial. El hábito no hace al monje. Pero si bien, le condiciona.

Cuidar las apariencias, no significa ser feliz. Hay que encontrar la labor que nos proporcione dinero para vivir. Que nos haga crecer en la vida, que nos aporte algún tipo de bienestar. Que nos apoye en la conciliación familiar tan importante como cualquier acción de prevención. Un trabajador feliz aumenta su productividad. No hace falta trabajar más horas ni ir de punta en blanco. Alguien que trabaje en lo que le gusta, que tenga la libertad de elegir su indumentaria, que disponga de tiempo libre. Rendirá mejor y eso se notará en la cuenta de RESULTADOS. Lo único importante hoy.

Pero los CEOS no se enteran o no quieren enterarse. Y nos crean sistemas feudales que en algunos casos en Europa desecharon en los 60.

Todo el día a diario creando un código que a veces no comprendes a donde va a ir a parar o lo que es peor si va a servir para algo. Y aunque te pagan por ello, mejor que en otros trabajos al menos tú lo que quieres es hacer tu trabajo bien, no hacer una chapuza sobre otra ya hecha y reinventar una nueva. No importa. No. Sabes que lo que importa es que te vean delante del ordenador y en plazo corto de tiempo que ellos creen rentable tengas la “mierda” lista, aunque funcione peor que un prototipo. Te das cuenta que tu trabajo es una mera fotocopia de lo que tu aspirabas y tan sólo te queda salir fuera de esa cárcel y crear por tu cuenta algo. Darte a conocer y recibir otra oferta más atrayente. Pero resulta que lo que te gusta no está tan bien pagado. O peor aún es un proyecto libre donde colaborarás de forma anónima y sin cobrar un duro.

También puedes estar atado a una hipoteca, ser esclavo de un par de créditos y entonces no poder salir de tu jaula en la vida, al menos no si no eres valiente. Y eso te va minando, día a día.

Hay momentos de paranoia, de factores que nos atan tanto a una realidad que odiamos que lo único que nos empuja es a una depresión o a un estado de rebeldía casi juvenil.

Pero hay otras opciones. Podemos buscar siempre ese espacio dentro de nuestro amplio catálogo de actividades donde en algún momento disfrutemos con lo que hacemos. Tenemos que buscar ese motivo, a veces oculto que, aunque sea un solo momento al día nos haga creer que aún es posible no morir dentro de ese frio y ruin edificio lleno de ausentes superficiales y oscuras miradas.

Busquemos esos oasis de paz interior en donde nuestro trabajo nos proporciona más placer. No debemos fijarnos en esas promesas incumplidas ni siquiera en un futuro cercano. Hoy, el día a día se ha convertido en una forma de vida. Entonces encontremos esos paraísos dentro de nuestra actividad y dejemos de forma consciente que esos castigos de ir a trabajar se conviertan en el placer de llegar al éxtasis en aquellos momentos concretos donde podemos dar el cien por cien de nuestro rendimiento.

En el mundo comercial no se puede delegar todo éxito a esos fracasos y rendirse. Hay que superarlos y saber que con constancia el triunfo viene por si sólo. En el mundo laboral de hoy en día, hay que coger las frustraciones con una mano y dejarlas en el olvido lo más rápido posible para poder continuar.

No es ser un pasota, simplemente aplicar “aceite” para que el engranaje no se atore y pueda seguir vivo. Miles de circunstancias que nos hacen el trabajo amargo pueden convertirlo en algo divertido. Tan sólo es enfocar las cosas de modo diferente y no querer alcanzar objetivos que sabemos de antemano imposibles. Porque los pequeños retos se pueden hacer. Y las grandes ocasiones vienen dadas por pequeños pasos. No esperemos reconocimientos más allá de los que nosotros tengamos en el interior. Esos son los más imprescindibles sin ellos no podríamos continuar. Pero dejemos lo “feo” de nuestra labor y centrémonos en objetivos propios. Porque los comunes tan sólo traen frustración.

No debemos enfocar el “PROYECTO” como algo ajeno que debemos lograr. Sino en un reto compuesto de pequeños pasos que debemos lograr, y no para reconocimiento de nuestro jefe, sino para llegar a crecer en terreno personal.

Si no lo logramos hacer así, llegaremos a lograr estar en una cárcel sin salidas y que puede causar muchas enfermedades.

Nuestra pequeña libertad nos dará también salud, mental y física.

Disfrutar de lo que es indisfrutable, nos hace fuertes. Porque siempre hay un momento al día, en nuestro tiempo libre en la solución de un problema que dará energías para que todo tenga sentido

El mundo no cambia sin que primero lo hagamos nosotros. Un cambio en el sistema impera siempre porque alguien cambió algo en el mismo. Pequeñas ideas revolucionarias son las que desde abajo y aún con rechazo, puedan triunfar más arriba. La mentalidad obsoleta tan sólo cae cuando llega a una masa crítica de cambio. No dejes de tener ideas innovadoras porque pienses que no van a llegar a buen fin. Una semilla no crece sino se planta y cuida. Pero “plantarla” significa trabajo. Un reto en que crezca. Nada se genera espontáneamente sin un desarrollo por detrás. Ni esa mísera mala yerba crece sin unas condiciones adecuadas.

Ser feliz en el trabajo, implica que la empresa crezca. Y hasta que eso no esté claro. Las empresas españolas serán como poco inhumanas y mediocres.

Este tiempo neoliberal, materialista y metódico. Traerá una contrarrevolución donde las personas sean lo importante. Pero tenemos que luchar por ello. Nuestro primer cambio está en nosotros. Luego el efecto espejo, hará el resto.

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